jueves, 24 de julio de 2014

Violencia por los huesos

¿Sabéis una cosa? A pesar de todas las veces que os he contado que siempre he sido muy bueno con mi nueva familia, han existido dos momentos en los que no actué bien. Me puse violento con ellos y vi cómo se asustaban de mí. No puedo controlarlo, esa situación es superior a mi fuerza. Poco a poco voy dominándola cada vez más, pero cuesta.





El momento del que os hablo es aquel en el que me regalaron mi primer hueso. ¡Un hueso! No hay nada más especial, más chulo y más rico. Lo malo es que con él me pasa algo semejante al Dr Jekyll y Mr Hyde. Sale mi otro yo, y te recomiendo que cuando esté fuera no te acerques a mí, y sobre todo, ni se te ocurra intentar vacilarme. Te voy a ladrar. Te voy a ladrar mucho. Pero no como cuando ladro a otro perro. No. En estos casos lo que me pasa es que se me cruzan los cables. Voy a empezar mirándote como si tuviese una angustia que no pudiese controlar. Aléjate, pues a partir de este momento no te puedo asegurar que consiga controlarme. Si te acercas más verás cómo empiezo a abrir la boca y enseñarte los dientes. Me oirás gruñir, un gruñido de esos que se te meten en la cabeza y te van a hacer sentir miedo. Mucho miedo. Dentro de mí estaré notando como comienza a nublárseme la vista, a sentir una presión dentro que se me hace muy difícil controlarla, una necesidad imperante de proteger el hueso. Si haces un solo gesto, el más leve movimiento, me lanzaré a ladrarte con una cara que no has visto ni al peor asesino en serie. Si sigues ahí te morderé. Aléjate. No es el momento adecuado.


Me dieron el hueso después de la comida, y yo como cualquier tesoro de los que tengo, me lo llevé a mi cama para empezar a mordisquearlo y jugar con él.

Al rato se acercó mi madre queriendo jugar. Ni ella ni yo sabíamos cómo íbamos a reaccionar. Ninguno de los dos esperaba esta situación. Intentó jugar conmigo, e hizo el amago de tocarme el hueso. Ladré. Gruñí. Sabía quién era, que no iba a hacerme daño, pero mi mente era incapaz de controlar mi cuerpo. Era demasiado  para mí. Parecía que quería matarla.

Ella llamó a mi hermanito. Cuando vino mi madre le contó todo y él no se lo creyó. Confiaba en mí. ¿Cómo me iba a comportar de ese modo?. Simplemente intentó acariciarme, y cuando lo hizo le mordí. Le mordí bien fuerte, y tras ello empecé a ladrarle hasta conseguir encerrarlo en su habitación. “Como salgas te saco alguno de tus preciados órganos y me hago una merienda con ellos” Pensaba yo en todo momento.
Por fin me dejaron tranquilo. Pude acabarme el hueso en paz.

Fue cuando le di el último bocado y vi que se había terminado cuando volví en mi ser. ¿Qué había hecho? ¿Cómo había podido comportarme así? Mientras el último rastro de ternera marchaba hacia mi estómago ya estaba arrepentido. Me iban a echar. Les veía asustados. Ninguno de los tres quería ni si quiera acercarse a mí. Lloré. Mucho.

Fui uno tras uno pidiéndoles perdón. Yo notaba que me miraban con miedo. Les costaba mucho hacer cualquier gesto para acariciarme.
Me sentía fatal. Había hecho el mayor error de mi vida.

Primero intenté ganarme a mi madre otra vez. Poco a poco, agachando la cabeza pidiendo perdón, dándole con mi patita, y chupándola un poco, conseguí que acabase perdonándome e intercediera por mí con el resto.

El que más me costó fue mi hermano. Estaba muy decepcionado. No quería ni mirarme. Si me acercaba me gritaba y decía que me largase. No puedo culparle. Veía el miedo en sus ojos. Estaba tan asustado que sufría. Él quería quererme y yo se lo ponía difícil.
Sin embargo, al final, tras mucho intentarlo. Él me dio otra oportunidad. Me acarició. Por fin. Ahí sentí que todo podía arreglarse y que podía relajarme de nuevo. Tenía una nueva oportunidad. Ya no sé ni cuantas me han dado, pero sólo puedo dar gracias por acabar aquí. Me entienden y me cuidan como soy. Y poco a poco voy mejorando.

Espero que os haya gustado mi relato. No soy sólo esas facetas buenas y divertidas que habéis leído por aquí. Tengo mi lado malo. Violento. Que gracias a mi familia cada vez estoy pudiendo dominar más. Ellos entendieron que vengo de un sitio donde tenía que pelear por cualquier gramo de comida, y eso no se olvida tan fácil. Pero me estoy esforzando mucho por cambiarlo. Me cuesta, pero lo conseguiré.


¡Guau!

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